¿Por qué los profesores deben investigar?

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[esta entrada es una reflexión a partir de: Ebbutt, D., & Elliott, J. (1990). ¿Por qué deben investigar los profesores? En J. Elliott, La investigación-acción en educación (pp. 176-190). Madrid, España: Ediciones Morata]

Debemos conseguir que se imponga un modelo de generador de conocimientos, que parta de la comprensión por parte del profesorado de las investigaciones para su aplicación personal, por encima del modelo de usuario de conocimientos, que se limitan a la réplica de técnicas desarrolladas para contextos diferentes.

Ebbutt y Elliot (1990)

La investigación y el desarrollo profesional

El desarrollo profesional de un docente radica en la capacidad de tomar decisiones pedagógicas a partir de una comprensión profunda de la situación educativa. Es cierto que las conclusiones extraídas de experiencias anteriores en casos semejantes puede ofrecer un horizonte de expectativas, pero nunca respuestas definitivas -si es que estas existen en el mundo de la educación-.

«Las situaciones prácticas pueden asemejarse en muchos aspectos, pero no son exactamente iguales. Las generalizaciones derivadas de la anterior experiencia de situaciones parecidas son siempre retrospectivas y no predictivas» (Ebbutt y Elliot, 1990, p. 176).

Es curioso que en un país donde la producción científica desde el punto de vista teórico es profusa en revistas relacionadas con la didáctica, las inercias pedagógicas se han mantenido con cierto estatismo a lo largo de los años.

No es suficiente con replicar experiencias

Como he indicado anteriormente, el valor retrospectivo de lo que ya ha sido hecho es difícil de aplicar en contextos cambiantes y en constante evolución. Por ello es necesario una capacidad de comprender en profundidad los resultados de otras investigaciones para poder aplicarlos desde el conocimiento. El aprovechamiento implica confrontar estas ideas con la propia comprensión del caso. Por mucha validez que le demos a las conclusiones basadas en muestras -o incluso a estudios de caso-, estas, como mucho, facilitarán las reflexiones sobre la práctica docente, pero nunca deben sustituirlas.

Es necesario conocer qué se está haciendo

En este mundo donde la -mal llamada- innovación educativa redescubre constantemente prácticas ya desarrolladas en otros momentos y contextos, es necesario tener un conocimiento de la investigación educativa. Por definición, la innovación debería resolver un problema existente, lo que hace imprescindible un diagnóstico previo, así como un análisis posterior de los resultados obtenidos.

Ni que decir tiene que deben tenerse en cuenta muchos más factores que los propiamente metodológicos, más aún cuando estos consisten básicamente en la aplicación de ciertas tecnologías que, si no son utilizadas desde la responsabilidad, pueden convertirse únicamente en juegos de prestidigitación o fuegos artificiales, más efectistas que eficaces.

En este campo de la difusión de conocimiento, las redes sociales han tenido un papel incontestable, poniendo en contacto a docentes de diversas procedencias, disciplinas y sensibilidades. El problema surge cuando no se poseen herramientas suficientes para discriminar lo útil de lo que no lo es o para comprender en profundidad la realidad educativa para tomar de aquellas prácticas lo que realmente podamos adaptar a nuestro contexto y, por qué negarlo, a nuestro propio carácter y forma de ser.

Favorecer los entornos de intercambio

Resulta muy interesante crear ciertos foros donde los docentes puedan poner en común sus diferentes realidades. A partir de un intercambio fructífero, pueden detectarse los problemas comunes, así como las diferentes perspectivas desde las que pueden abordarse. De esta manera, el aprendizaje obtenido en comunidad podemos considerarlo mucho más significativo.

La posibilidad de cooperar en grupos de trabajo, de reunirse en foros profesionales o congresos educativos puede ofrecer sinergias que hagan crecer al colectivo. La reflexión previa, la toma de notas, la puesta en común, la extracción de conclusiones,… puede generar grandes conocimientos profesional, a la par que desarrolla una «cultura colectiva que ayudaría a pensar constructivamente a cada profesor individual y que, a su vez, se vería reforzada por las contribuciones de todos» (p. 178).

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